domingo, 12 de febrero de 2012

Opresión de género: Feminismo y masculinidad



Opresión de género: feminismo y masculinidad
Gender Oppression: feminism and masculinity
Cesar Olvera Navarro
Universidad Bancaria de México

RESUMEN.
El hombre y la mujer han llevado roles sociales totalmente distintos desde tiempos muy remotos hasta la actualidad, por lo que hace tiempo se comenzó con una lucha de sexos, y de reconocimiento para saber quien era más fuerte, por lo cual, comenzó en una gran presión social, quien era más competente a los ojos de la sociedad, dando como resultado, el cierre de culturas arraigadas por tramar ser mejor que los demás, sobre todo de hombres y mujeres del uno y del otro.
Palabras claves: rol, sociedad, opresión y cultura.
ABSTRAC.
The man and woman have been totally different social roles since ancient times to the present, so long ago began with a battle of the sexes, and reconnaissance to see who was stronger, which began in a large social pressure, who was more competent in the eyes of society, resulting in the closure of plotting rooted cultures better than others, especially men and women of one or the other.
Key words: role, society, culture and oppression.

En la historia mexicana se ha analizado y reinterpretado varios aspectos y periodos para integrar a las mujeres y a las relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, esto contribuye a entender las distintas construcciones de feminidad y masculinidad sus variaciones a través del tiempo y sus complejas relaciones, entre clase, género, raza y etnicidad, se hace hincapié en las experiencias, prácticas y representaciones de las mujeres y los hombres para descifrar como diferentes ideas sobre género han sido elementos importantes en la construcción de la ciudadanía, el nacionalismo y en ideologías en torno a la política, el trabajo y la belleza, se utilizan diferentes perspectivas históricas, historia social, laboral, cultural y vida privada, pero su eje central en el análisis de género.

El punto inicial de partida inicial fue la invisibilidad de las mujeres como actores sociales e históricos y que “mujer”, “hombre”, “feminidad” y “masculinidad” son construcciones históricas y culturales.   La historia de mujeres y la historia de género han sido producto de una construcción transnacional en las últimas décadas, pero ah dominado la cultura académica, los estilos de escribir los avances teóricos y empíricos que han creado un marco de referencia lingüístico y analítico estadounidense, que hace visibles a las mujeres como sujetos históricos en tanto agentes de cambio y revela las relaciones implícitas o explicitas de poder, pero que silencia otras perspectivas que no son parte de la cultura y lengua anglosajonas.   Gracias a esos esfuerzos, muchas veces individuales, se han logrado establecer centros de investigación enfocados en estos temas, a veces con financiamiento externo inicial como es el caso del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) de El Colegio de México; el área de investigación, mujer, identidad y poder, de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco; el Centro de Estudios de la Mujer de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que desapareció y después continuó esta línea de investigación ya como el Programa Universitario de Estudios de Género, de la misma casa de estudios.

Hasta mediados del siglo XX las mujeres estuvieron excluidas de las filas de la discusión de los asuntos públicos, así como del derecho al sufragio, por ello pugnaron por alcanzar lo que consideraban un acto de justicia elemental: la toma de decisiones colectivas para convertirse en interlocutoras de la política.   Específicamente a lo que significó alcanzar en un primer momento la ciudadanía plena para después lograr el acceso a la llamada igualdad democrática.   Las mujeres que deseaban participar habían levantado su voz para poder elegir a sus gobernantes y acceder al espacio de la política formal. ¿Qué significado tiene la plena incorporación de las mujeres al espacio público-político?, ¿Cuál ha sido la trayectoria recorrida para conseguir ese derecho?, ¿Cómo se organizaron los grupos de mexicanas que empujaron el reconocimiento del voto?, ¿Quiénes fueron estos grupos? Estas y otras interrogantes surgen cuanto se trata de acercarse al análisis de la incorporación de las mujeres a la ciudadanía plena.    Por su parte el gobierno necesitado de legitimidad y credibilidad, se valió de los recursos que ellas ofrecían y a cambio consiguió incorporar a un numeroso contingente de mujeres al partido oficial.

Si bien la histografía ha responsabilizado textos didácticos de la construcción de papeles de género opresivos contra la mujer, ningún historiador ah analizado cómo el discurso patriarcal de los manuales de urbanidad moderó las relaciones entre varones, tanto de distintos orígenes sociales y raciales, como de una amplia gama de masculinidad.   Al codificar distintas maneras de ser hombre, inferiores y superiores, jóvenes y viejos, amos y servidumbre, padres e hijos, ricos y pobres, extraños y conocidos, hombres de mundo e ignorantes, civiles y militares, se iba delineando una masculinidad optima, hegemónica, la masculinidad hegemónica se constituía mediante una representación de lo que comúnmente era visto como decente, culto, y por ende europeo, si bien esta ultima características se lograba mediante patrones de consumo, comportamiento y sociabilidad.   La subjetividad del hombre hegemónico existió en una coyuntura crítica en el desarrollo de la sociedad mexicana: la aparición del ciudadano y del individuo durante el difícil y conflictivo proceso de globalización que facilitaron la elaboración, en distintos espacios (públicos y privados, centro y periferia) de identidades individuales matizadas fuertemente por la intersección de género, clase, etnia, e incluso emoción.

Hace diez años se analizaban textos feministas acerca de, “que significa ser mujer, cómo varía en el tiempo y en el espacio la concepción cultural de la categoría mujer y como influye esa idea en la situación de la mujeres en cada sociedad”.   El desarrollo de la idea necesita del concepto de género y del concepto de relaciones de género, es decir, de las distintas definiciones de hombre y mujer, con los correspondientes atributos aceptados de la feminidad y la masculinidad.
Una de las definiciones más interesantes del pensamiento feminista que se han encontrado recientemente es la debida a Griselda Pollock en el prefacio de su selección titulada Generations and Geographies in the Visual Arts.
El feminismo propone a la mujer un compromiso político y un cambio para si y para el mundo. El feminismo plantea un compromiso para la plena apreciación de lo que las mujeres inscriben, articulan e imaginan en formas culturales: las intervenciones en el campo del sentido y la identidad que proceden de ese lugar llamado “la mujer” o “lo femenino”. El feminismo se refiere también a una revolución teórica en la comprensión de los conceptos de arte, cultura, mujer, subjetividad, política, etc., pero no implica la unidad en el campo teórico en la perspectiva adoptada o en la posición política. El feminismo se ha identificado con un movimiento de mujeres, lo cual es importante desde el punto de vista histórico, pero en el momento actual su autonomía como lugar en el que se sitúa la cuestión del género adquiere un significado político y teórico especial.

El proyecto feminista, su examen teorético de las distintas formas de ser hombre o mujer y su oposición a las opciones convencionales no es, desde luego, una empresa fácil, dado que pide ni más ni menos que el desmantelamiento de las bases que sostienen las relaciones sociales cotidianas y la mayoría de las instituciones y estructuras de poder, así como de los fundamentos teoréticos de las divisiones convencionales de género.   Y ello es así porque el establecimiento de una diferencia de categorías entre las mujeres y los hombres, si las primeras son una cosa, los segundos serán todo lo contrario.   Como sostiene Doreen Massey los dualismos profundamente interiorizados estructuran la identidad personal y la vida cotidiana y este hecho tiene consecuencias para la vida de otras personas, porque estructura, a su vez la práctica de las relaciones y las dinámicas sociales y extrae la codificación de lo femenino y lo masculino de los cimientos sociofilosóficos mas profundos de la sociedad occidental.

A la vez juega un papel importante la cultura cuando aporta elementos que nos facilitan entender lo permanente y lo variable; por eso se puede considerar que siempre están en continua creación, recreación y producción humana, no se queda estática que sino que es transformadora.   Por ser la cultura producida, y recreada por los seres humanos nos facilita poder acercarnos a los seres que la construyen y a los espacios de construcción privado y público, en el contexto permanente de toda cultura, en las partes sociales de la cotidianidad vemos su influencia y determinación en cuanto a las identidades de género: femenino y masculino.

La cultura transforma, es una fuerza transformadora, iluminante para la vida, y el motivo es poder acercarse y entender la posición diferente que tienen los diferentes grupos sociales sobre sus construcciones de género.   Además en la cultura existen cosmovisiones que cada pueblo tiene forjadas desde su experiencia, y que posibilitan la diversidad cultural y refuerzan la identidad.

Por eso Guerrero afirma que: “la cultura rebasa lo lingüístico; se expresa también en lo social, económico, lo político, lo ideológico, por ello no podemos buscar cultura en aquello que sea fácilmente perceptible: vestido, lengua, ritualidad, fiesta, etc., sino también aquellas manifestaciones que no están conscientemente vividas”.

Esta identidad hace que cada persona se identifique a sí misma como hombre o como mujer en función de sus características físicas.   Decía Bem (1978), que la identidad de sexo se ha basado tradicionalmente en tres componentes: la preferencia sexual, la identidad de género y la identidad de rol sexual.    Sau (1993), señala que el género tiene una doble vertiente: la colectiva, en cuanto que implica la adaptación de las personas a las expectativas de la sociedad y, por lo tanto, a los roles de género; y la individual, referida a cómo vive cada uno su propio género y mantiene su individualidad respecto a los demás.   “la igualdad a sí mismo, la unidad y la persistencia de la propia individualidad como mujer, varón o ambivalente, en mayor o menor grado, en especial tal como es experimentada en la conciencia acerca de sí mismo y en la conducta, la identidad de género es la experiencia personal del rol de género y este es la expresión pública de la identidad de género”.

La identidad de género suele sustentarse en el sexo asignado al individuo, lo cual no necesariamente coincide con el sexo biológico (genético, cromosómico, gonadal, etc.). ¿Existe, en consecuencia, una relación directa entre los factores biológicos del sexo y la identidad de género?

Se ha sabido que hasta en cuestión de salud existe opresión entre la diferencia de géneros y la lucha interminable ente feminismo y masculinidad.   Los estudios sobre salud mental, en particular requieren, hoy de una diversificación de enfoques para atender las distintas problemáticas que se presentan en la población que requiere de atención psiquiátrica y psicoterapéutica.  Uno de estos ámbitos es el estudio de los problemas que competen al género femenino.   Asumir una perspectiva de género permite reconocer las condiciones específicas el ámbito de desarrollo social que enfrentan las mujeres y los hombres para identificar las particularidades de su salud.   Fuera de eso Según lo menciona Lipovesky, existen indicadores importantes que hacen más factible entender la presión entre los géneros.   El hombre sigue asociado prioritariamente a roles públicos e instrumentales, la mujer a roles privados, estéticos y afectivos; lejos de obrar una ruptura radical con el pasado histórico, la modernidad labora por reciclarlo sin cesar.





CONCLUSIÓN.

La opresión de género se ha ido marcando a través de los tiempos y de la misma historia, debido a que al paso de los años, se ha consumado una larga pelea entre hombres y mujeres, dando lugar a una guerra interminable de sexos, y por lo tanto de roles, ya que el hombre ah ido dejando huella como el sexo fuerte y la mujer como el sexo sumiso y dejado, por lo cual actualmente con la lucha de equidad de género no se dan pautas de convivencia y de acuerdos entre el uno y el otro.

Actualmente la distinción entre lo femenino y lo masculino es solo parte de un amplio estudio, por lo que en este país con tantos cambios que van desde la democracia hasta el cambio de roles en cuanto al matrimonio, a marcado fuertes declaraciones de que las mujeres pretenden actuar como hombres para que se les reconozca ante la sociedad y que no siga el papel de ser el sexo débil, y si se toma como referencia los hechos históricos en el país acorde al machismo, la mujer era la dejada, y ahora al quererse salir de dicha situación, reacciona de la misma manera haciendo o tratando de humillar o minimiza al hombre, es ahí donde se encuentra en plena insatisfacción de ambos, ya que el hombre comienza a actuar de la misma manera como mujer para que no vulva a caer en la misma situación de ser el golpeador, el fuerte, el que imponía fuerza y voluntad, y la mujer como hombre para que se le tuviera un poco de respeto en cuanto a la cultura arraigada que se encuentra en el país.

Si la cultura se hiciera a un lado, y dejara paso a una mejor personalidad daría lugar a que no se viera el cambio de roles de género o sociales ya que se encontraría una perfecta armonía entre los dos géneros en búsqueda de una mejor contexto con mejor convivencia entre los dos.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA.
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